Plegaria por Haití

Tragedia sufrida por el pueblo haitiano

Tragedia sufrida por el pueblo haitiano

Que resurja del fango la vida y deje de llover tragedias. El Sol no basta para alumbrar el polvo del camino. Y los aires se convierten en carnicerías de hombres, sin que nada pueda hacerse. Ya no hay sitio para las almas y hasta la propia tierra es un infierno que arde en rojo y negro. Hay quienes rezan, otros lloran, luego cantan, los menos ríen. La desgracia tiene, hace mucho tiempo, la panza estacionada en Haití.

Vamos a lanzar botellas a los mares siderales y a sembrar semillas en las nubes o en las aureolas o en los valles encantados. Tienen que existir, porque sino, los sueños van a terminar rompiéndose. Y no pueden. Los niños haitianos deben rasgarle la espalda a las pesadillas, subir a las colinas y gritar bien fuerte para ir purificando la putridez de sus cenizas. ¡Que griten bien fuerte!
No sé si fue el toque español que invadió el 5 de diciembre de 1942. No lo sé. Pero a solo 77 Kilómetros de Cuba intenta subsistir un pueblo, no hundirse, quedar a flote entre las olas del Atlántico y el Mar Caribe que lo golpean. El yugo francés murió bajo las pisadas de los ancestros color ébano -lejano ya en el tiempo-, cuando Haití era la mayor productora de azúcar y café del mundo. Y vino la primera Revolución de América Latina, ¡la primera gran revolución!, que triunfó el 1ro. de enero de 1804. Pero después el tiempo laceró la historia, y las polillas devoraron como dragones las anécdotas.
La pobreza haitiana ya cruzó los límites. Está diseminada en el aire. El 70 por ciento de sus habitantes comparten hogar con la miseria. Y entonces no hay ingresos para comprar un poco de arroz, o un poco de cualquier otro alimento. Y comen galletas hechas con sal, manteca y lodo; y hasta la lucha por el barro es deplorable. La desnutrición y los malos físicos son contratos perennes que todos han de arrastrar hasta la muerte. Pero la muerte también se aprovecha de la incultura, y por la incultura los haitianos son focos repartiendo SIDA por los rincones. Haití es el país más pobre de toda América. El más pobre en recursos, en espíritu, en conocimientos y en el destino.
En la primera mitad del siglo pasado, el 60 por ciento de los bosques haitianos estaban destruidos; hoy, ya no hay siquiera quien purifique la vida y devuelva oxígeno para respirar: el 98 por ciento está en ruinas. La erosión y sobreexplotación de los terrenos ha provocado la infertilidad del suelo. No han de servir las inseminaciones, es infecunda e impróspera la vida. Y después vienen los fenómenos tropicales, y parece que es obligada la trayectoria, y la devastación es plena e irreversible sobre lo poco que les va quedando. Queda, cada vez, menos nada de la nada.
La vida siempre fue difícil. Entonces vino aquel epicentro (el más severo del país en 200 años) sacudiendo cuanto de sólido hubo. Llovieron los escombros, se pulverizaron las almas, el averno mismo subió a la tierra, escupió fuego y quemó el aire, y vendió espíritus y trastocó los colores del cielo, y las estrellas, y el sol, y todo comenzó a ser gris, todo gris, solo gris. Parece que alguien los castiga. Es una condena inmortal que trasciende los tiempos, hostigando a cuanta generación pise un centímetro de aquel dominio.
Todo esfuerzo será minúsculo para ayudar a este pueblo deshecho entre los desmanes del tiempo. Miles de cubanos hoy combaten, junto a Haití, los infortunios. El último de ellos, muy delicado. Vuelve a existir amor en los tiempos del cólera.
Y allí están, luchando con jeringuillas como fusiles en las manos, con cámaras fotográficas, de vídeo, con el blog de notas y el lapicero que capta los momentos más impresionantes. Allí están. Para que Haití deje de ser la gran esponja ensangrentada como sentenció Guillén, y regrese, a los podios de los cielos, como el reino de este mundo. (Melissa Cordero Novo)

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Acerca de raisadevora

Soy Cubana, nacida en la ciudad oriental de Santiago de Cuba, desde hace tres años vivo en la ciudad llamada La Perla del Sur, en la Provincia de Cienfuegos. Actualmente trabajo en el Periódico Cinco de Septiembre, 36 años de trabajo dentro del sector peridístico aunque mi trabajo es de correctora y Web Máster de la página digital. Amo mi Patria y fiel a los principios de la Revolución, soy modesta, sencilla, y amante de la Paz, la Amistad y la Solidaridad
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