Monólogo con una flor para Camilo

Una flor para Camilo

Una flor para Camilo

Si en estas líneas habitaran venas, correrían por ellas esas porciones de sangre agitadas por la adrenalina del deber, del combate, como mismo circulaban por el interior de Camilo en cada gesta, ante el estruendo de disparos o el aviso de agredir al enemigo.

La misma agitación la percibí entre todas las personas acumuladas en Cienfuegos desde el Prado hasta el Malecón, quienes marcharon con el júbilo de inmortalizar a un héroe, de obsequiarle el tributo y preguntarle por qué partió tan pronto.

Entonces escudriñé cada una de las imágenes que me circundaban, entre el vendaval de gente introduje la mirada hasta aquel girasol esplendoroso, que viajaba muy orondo sujetado por pueriles manos.

Me acerqué, y como si nos conociéramos de toda la vida, narró los pormenores de su estancia allí:

“Apenas asomaba el alba y alguien susurraba que algo extraordinario marcaría esta tarde. Un hombre con apego al desaliño, barría la calle de enfrente y tarareaba esa canción… Te canto porque estás vivo Camilo y no porque te hayas muerto… y creo que habló de un día llamado 28 de octubre y de avenidas abarrotadas de personas.

“Desde el amanecer las demás flores comenzaron a revivir historias de antepasados, de bellosmarpacíficosmargaritas y rosas que emprendieron un viaje henchido de entusiasmo, exaltación y sobre todo, de añoranza.

“No había terminado aún con el baño de rocío mañanero, cuando una pequeña, vestida de rojo y blanco, dirigió sus pasos al jardín, con tamaña picardía aseguró que nadie lo sorprendiera en la fechoría, entonces sentí cómo en cuestión de segundos me separaron del tallo que me vio nacer. Antes de partir, todas las flores de por allí agasajaron mi suerte, ni siquiera presté atención a las felicitaciones, pues no comprendía las razones de tanto privilegio”.

A medida que avanzábamos entre la avalancha de personas, apiladas sobre el asfalto, percibí cómo se extinguía la incertidumbre y el escepticismo de ese girasol por permanecer allí. De un momento a otro, me dijo:

“Dile a ese que te acompaña, el del artefacto en el cuello, que sus intenciones me ponen nervioso”. Ante la incógnita dibujada en mi rostro, prosiguió: “creo que a ellos los llaman fotógrafos, hace un rato lo miré de frente y una luz fugaz me encandiló por unos instantes. En ese momento, una azucena, algo envidiosa, marchaba tras de mí y murmuró: ahora eres famoso.

“Pero más conocido era Camilo, de tanto oír hablar de él casi me aprendí su historia. Supe que viajó en un barco desde México hasta Cuba, luego del desembarco resultó sobreviviente en una batalla devastadora, entonces la vida le regaló el privilegio de, junto a unos pocos, emprender un sendero de combates, sobresaltos, sacrificios

“También escuché que vino desde Oriente hasta Occidente desandando llanos, montañas y retando al peligro, así dejó su impronta en caminos estrechos en medio del monte, en árboles, hamacas, en pueblos y hasta en las ilusiones de amoríos pasajeros”.

A todo ello adjunté que existe un rincón llamado Yaguajay donde lo idolatran, porque aunque el del sombrero alón es de toda Cuba, allí lo sienten más suyo, principalmente por las batallas libradas en esa porción de geografía, porque dichos combates resultaron vitales para llevar lainvasión hasta el oeste, para ayudar a su amigo Ché Guevara, inmerso en travesías similares.

Con el aroma del mar advertí el momento de la despedida, todavía quedaban muchas cosas por hablar sobre el Señor de la Vanguardia, no obstante, decidí explicarle por qué nos dirigíamos hasta el Malecón, pero los cantares de un grupo de infantes suprimieron la explicación… Una flor para camilo, al agua vamos a echar, todos los niños de Cuba lo queremos recordar… Ante la revelación, me dijo con entusiasmo: “durante todo el tiempo habitó en mí esa corazonada”.

Aquel girasol voló hasta el mar con un entusiasmo increíble, llevaba en sus pétalos, tallo y pistilo, el regocijo por disfrutar de una oportunidad tan sublime. Después de lanzar el marpacífico que me acompañaba, aguardé un rato más ante el impulso del batallón de flores. Entre tanto deslumbramiento, perdí de vista al girasol, mas conservé las ganas de obsequiarle un último adiós.

Cuando la inercia empujó mis pasos con la intención de marcharme, sentí una voz desde la orilla, era él, mojado, pero igual de fúlgido, entonces contó:

“Me zambullí en busca de ese hombre, lo llamaba: ¡Camilo, Camilo…! pero un pez sabio me contó que ese héroe habita en todas partes, en muchos mares y hasta en ríos lanzan batallones de nosotros para adornar el agua salada o dulce. ¡Nunca imaginé que tal experiencia guardaría en mí tanta emoción!”.

Ante esa expresión, casi le respondo con algo similar, pues nunca preví conversar con aquella flor como conmigo mismo, como una especie de monólogo redimidor, pues la ausencia de una tumba me priva del placer de hablarle a Camilo quizás más de cerca, por eso le dejo otra ofrenda en estas líneas y así dejo al descubierto el afán de inmortalizarlo para siempre. (Alexis  Pire R.)

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Acerca de raisadevora

Soy Cubana, nacida en la ciudad oriental de Santiago de Cuba, desde hace tres años vivo en la ciudad llamada La Perla del Sur, en la Provincia de Cienfuegos. Actualmente trabajo en el Periódico Cinco de Septiembre, 36 años de trabajo dentro del sector peridístico aunque mi trabajo es de correctora y Web Máster de la página digital. Amo mi Patria y fiel a los principios de la Revolución, soy modesta, sencilla, y amante de la Paz, la Amistad y la Solidaridad
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